La Coctelera

Categoría: Opiniones para reflexionar

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Somos ruines, y el fútbol

00:48, el silencio soñador se apodera de la ciudad. Mientras, este ordenador sustituye a otro lesionado que se jubiló antes de tiempo. Aún así, este también empieza a quejarse, lo hago trabajar demasiado estos días y no está acostumbrado. Dice ser demasiado señorito como para jugar en plena Champions cuando ha pasado tres meses de vacaciones en el Caribe.

A lo lejos se escucha el camión que va recogiendo lo que los ciudadanos tiramos, todo aquello que ya no nos sirve o que simplemente dejamos caer en el olvido. Por lo demás, la ciudad duerme en un sueño profundo. Y pienso que si hace dos horas Ronaldiho hubiera metido un gol más, toda Barcelona estaría todavía en plena celebración en la fuente de Canaletes. Pero no ha sido así, el Barça ha ganado para perder y los aficionados prefieren irse a dormir para olvidar el mal trago. No nos podemos imaginar lo que mueve el fútbol, y no sólo ya en las esferas deportivas, sino en el ámbito personal de una simple persona.

Resulta impresionante ver un campo con más de 50.000 personas en pie, bufandas en mano y cantando un himno del que sienten hasta la más mínima nota. Es extraordinario comprobar cómo los que verdaderamente juegan no son los jugadores, sino los que están en las gradas empujando las botas de cada uno ellos. Observar cómo medio país se detiene ante un televisor durante 90 minutos, siguiendo cada movimiento de un balón, escuchar las palabras de los comentaristas que se dejan la garganta en cada ¡uy! ¡penalti! ¡goooooooooool!

Parecerá mentira, pero el fútbol hace ver a las personas de forma distinta. O quizás las hace ver cómo son en realidad. Me cuesta entender cómo, medio minuto después a la sentencia del partido, explotaran cohetes de pólvora en el aire. Y no lo digo porque perdiera el Barça, sino porque ha perdido un equipo de aquí, punto. Si lo mismo le hubiera pasado al Madrid, también habrían sonado fuegos de artificio del bando contrario. Aquí es donde se demuestra que los seres humanos somos ruines. En vez de compadecernos por el que ha perdido, o no hacer nada para aumentar la herida, metemos el dedo en la yaga y nos ensañamos con ellos. Lo que decía, que somos ruines.

Hay un dicho que dice con mucha sabiduría: todos los extremos son malos. Qué razón tiene. ¿Por qué no buscar un término medio? ¿Por qué no contener las ganas de hacer mal o reírse de ello? Si ha perdido un equipo, de acuerdo, ha perdido, se lo ha buscado o mil y una razones que saldrán publicadas mañana en los diarios. Pero de ahí a alegrarse… Y si hubiera ganado, pues perfecto para ellos. Más competencia, y a más competencia, más mérito para el que finalmente gane. Porque no es lo mismo ganar con el campeón en el terreno de juego, que ganar sabiendo que el campeón juega en otra división.

Al fin y al cabo, sólo es fútbol. Al fin y al cabo, somos nosotros.

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Aplausos para Renfe, ¡todos a aplaudir!

En medio de una vorágine universitaria de lecturas y exámenes, tengo que agradecer a Renfe por dejarme un tiempo para pensar cada mañana. ¡Gracias!

Sí, sí, esto no es una broma. Todo el estrés acumulado llega a su fin cuando entras en una estación de tren. Y digo cuando entras, porque nunca sabes cuándo vas a salir de ella sobre raíles.

Cada mañana voy en trena la universidad, lo que deberían ser 15 escasos minutos se convierten en toda una odisea. Normalmente ya opto por coger el tren de Blanes, que inicia su trayecto en la misma estación, pues los que vienen de otros destinos ya llegan convertidos en latas de sardinas. Pues bien, ese tren tiene su salida teórica marcada para las 08:36. JA, JA y JA. Nunca lo vi partir a dicha hora. Hoy, sin ir más lejos, salió a las 08:47.

A parte de sus desajustes horarios, tienen la gentileza de jugar al pilla-pilla y al escondite en un 2 en 1. Los paneles informativos ya no cumplen tal función, ahora son los encargados de hacerte correr por toda la estación de una vía a otra para que cuando intentes pillar el tren, éste ya haya empezado a rodar. Luego está el escondite, muy divertido, sí, sí. Anuncian un tren, lo quitan, y el tren acaba partiendo cinco minutos más tarde. ¡Qué grandes!

No hablemos ya de las obras del AVE. Los trenes circulan a 30km/h, ¡velocidad relámpago! Y si circulan, porque la tónica habitual es que se paren antes de llegar a la estación, momento preciso donde tiri-tirín-tin-tín, próxima estación: Bcn-Sants... ¬¬'

Por eso digo, entre esperas y esperas, da tiempopara todo, inclusopara pensar, porque la rabia y el estrés van quedando atrás, lentamente, como un tren de Renfe...

Y ahora, rindamos homenaje a la empresa que cada día nos hace ver la vida de otra manera, a aquella que nos incentiva a ir en coche.

  • ¡Un aplauso por su original sentido de la puntualidad y su noción del tiempo!
  • ¡Otro aplauso por hacernos sentir que no estamos solos en esta ciudad!, porque en horas punta estaremos rodeados de desconocidos que se pegan a nosotros irremediablemente.
  • ¡Aplaudamos cada vez que vemos su publicidad! ("Vamos al futuro, ¿subes?") Cuántas carcajadas provocan, ¿verdad?
  • ¡Y un último aplauso porque ya no soy yo quien tengo que esperar a los profesores, sino que son ellos los que nos esperan a nosotros!
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¡Vaya cóctel!

Acabamos de pasar justamente al nuevo día. Son las 00:00. Qué momento más extraño, no? Porque ya no es el día anterior, pero tampoco es el día siguiente. 00:00 Da la impresión de que se quedará ahí parado el tiempo... Ups, menos mal, ya son las 00:01.

Se supone que a estas horas debería de andar ya por el segundo sueño, pero no sé cómo estoy aquí navegando por la red. De hecho, debería de estar acabando un trabajo para mañana, pero al votar en los 20Blogs he dado con la nueva imagen de la Coctelera. Caramba, por fin!! Ya era hora de que se renovaran un poco, pero solo un poco por lo que veo. Lo que sí que han hecho pero bien es marear a los bloggeros, estuve mirando y casi todos apuntan a un caos monumental. Y cuando digo caos, digo cabreos porque cuando van a publicar no pueden. En fin, las novatadas...

Yo debería de estar escribiendo sobre el Derecho comunitario de la UE y sin embargo una extraña fuerza hace que no pare de teclear y de plasmar lo primero que se me pasa por la cabeza. Y no debería ser así. Tantos días alejada del mundo después pasan factura, por supuesto. Demasiado tiempo sin escribir nada que no fuese sobre derechos de antes de Cristo o tratados internacionales. Tenía la intención de escribir artículos sobre temas diversos, pero nada. Y a la postre, aquí ahora escribo tonterías que no llegan ni a la altura de reflexiones. Mal anda esto.

Bueno, realmente sí pasan reflexiones por mi mente, pero son tan desgraciadas que mejor no pensar. Porque las noticias dan para pensar y para enfadarse con el mundo. Qué es eso de que los 4x4 no pueden ir por pistas forestales? Entonces qué quieren, que vayan por la ciudad contaminando a raudales?! Gobierno de locos, ya no saben qué hacer... O el tema del vino, como si prohibiendo los caldos acabaran con el botellón y el alcoholismo juvenil, jajaja. Y el cambio climático? Otra carcajada bien sonora, qué intentan bombardeándonos con imágenes sobre la destrucción de los polos? Sé perfectamente que el nivel del mar aumentará, que los osos polares tendrán que aprender a nadar y que los pingüinos se aturdirán, pero no es a mí a quien tienen que concienciar (que ya reciclo todo lo que puedo y más), es a los políticos y jefes de Estado. Ellos son los que tienen que cumplir con Kyoto, son ellos los que deben multar a las fábricas que expulsan humos desoxigenados y premiar a los que utilizan energías renovables...
Lo último ha sido lo del apagón de móviles. Si con ello se consiguiera algo... Me apuesto algo a que no es la primera vez que las operadoras se ponen de acuerdo.

Y la TV?? Por favor, el otro día escuchaba a niñas de 8 años imitando el polígrafo!! A dónde vamos a llegar!
Esta tarde-noche recibí un e-mail generando alarma cibernética: un súper virus ultra destructor se propaga a velocidad luz por los correos electrónicos. Llámame escéptica, pero busqué en Google información sobre el supuesto virus. Lo que me temía: ni virus ni nada por el estilo. Se trata de un hoax (ni idea de lo que significa) que está generando propiamente una alarma social importante. Así que no cunda el pánico y no nos conformemos con todo lo que nos dicen...
Y a todo esto, las 00:15, mi trabajo a medio terminar y yo sigo pensando, pero esas reflexiones quedarán para otro cóctel-post, porque de aquí ha salido un universo de cosas que -si no fuera porque estamos en horas intempestivas- igual no habría escrito de esta forma...

PD: para cocteleros --> copiar y pegar ahorra muchos cabreos, seguid el consejo si no queréis perder los artículos escritos.
Audio recomendado: All good things, de Nelly Furtado; Chasing cars, de Snow patrol.

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Cometas esquivos

Llevo un buen rato navegando por la Red, no sé qué tiene que nos hace a todos perder el tiempo. Bueno no lo perdemos, porque lo invertimos en aprender cosas nuevas, ¿verdad?

Yo por ejemplo descubrí que La Coctelera está preparando su versión Beta (qué ganas de probarla), que el e-mail de la universidad funciona, que en los 20Blogs únicamente pueden votar los participantes, que en Hotmail tengo bastante correspondencia sin leer (la pereza...) y que esta tarde-noche por el cielo gallego pasará un cometa. Eso y más cosas que ya no recuerdo...

Lo que me más me llamó la curiosidad de todo esto (y ha conseguido hacer que escriba sobre ello) es la noticia del cometa. La astrología siempre me ha gustado, pero en Barcelona solo ves las estrellas si posas bruscamente tu cuerpo tras un traspiés por las obras. Por eso, cada vez que voy a Galicia (qué coincidencia) no puedo dejar de mirar el cielo nocturno. Mil y una estrellas, todas las constelaciones que se puedan ver y el camino de santiago descansan sobre nosotros. Te sientes tan pequeña, tan insignificante...

El cometa en cuestión se llama Mc Naught, en homenaje a su descubridor, y se podrá ver a la caída del sol (más o menos ahora mismo). Solamente en Galicia, solo allí. El resto de peninsulares nos quedaremos con las ganas y esperanza de que las noticias se hagan eco (cosa que no creo).

Serán 10-15 minutos tras la puesta de sol. Seguramente los minutos más bellos del día de hoy. Dicen que el paso de este cometa ha despertado admiración por su belleza, especialmente en Australia, donde las últimas noches han sido espectaculares. Portugal, Italia, Irlanda, México, Argentina y Chile también están invitados.

A muchos kilómetros de esos parajes, sigo recluída en la urbe frente al ordenador. El cielo está cubierto de un tul seguramente de humo contaminado. El Sol hace tiempo ya que se fue a dormir y las luces de las calles potencian la contaminación lumínica. Es tarde ya, hay cosas que hacer... Y no he hecho nada. Apagaré esta máquina, miraré al cielo, pensando que por él pasa un cometa esquivo, que va iluminando grandiosidad, haciendo a todo el mundo más pequeño, pequeño y luego grande a la vez, un poco más grande, porque tenemos la gran suerte de poder verlo...

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La persistencia de la memoria

En medio del bullicio urbano, un hombre encorbatado grita al cielo en plena calle. A su lado corren de un extremo al otro de la avenida sujetos que se parecen a él y que no ven nada, pendientes de las exclamaciones que van dando a través de sus teléfonos móviles.

Todo el mundo sigue girando. Su grito ha pasado desapercibido. Vuelve a gritar, pero ahora mucho más fuerte, a la par que lanza su corbata al empedrado. Ahora sí que ha conseguido atraer la atención de la multitud. Ha conseguido parar el mundo mientras los minutos siguen pasando. Los murmullos empiezan a aparecer: "está loco". El hombre recoge la corbata y la tira junto a su maletín en la primera papelera que tiene. "¡Está completamente loco!". "Los locos sois vosotros".

Pilla un taxi con destino desconocido, sólo le pide al taxista que le lleve bien lejos de la ciudad. "Otro loco que no ha aguantado la presión". A 30 km se dibuja el mar en el horizonte. "¡Aquí, aquí!". Camina lentamente por la playa, descalzo. Las olas van y vienen, y vuelven a venir. Besan sus pies y borran el resto de sus pisadas. No hay nadie, solamente él y el mar. Respira, cierra los ojos e imagina las nubes paseando sobre sus cabellos.

Después de un largo caminar, el sol va quedando atrás, apagándose. Entonces aparece un señor a lo lejos, vestido de blanco y mirando el mar.
- ¿Precioso, verdad?
- Sí, no se imagina la de tiempo que hacía que no lo veía.
- Me hago una idea. ¿Sabe?, me recuerda a mí años atrás.
- ¿Yo?
- Sí, usted. Tiene la misma mirada de cansacio que tenía yo hace veinte años. Me atrevería a decir que ha venido aquí en un arrebato de revolución contra el mundo moderno. ¿Me equivoco?
- No se equivoca. Esta mañana me levanté, vi el diario y me fijé en la fecha. ¡Nunca me hubiera imaginado que el tiempo pasara tan deprisa! Me di cuenta de que he desperdiciado valiosos años de mi juventud para intentar ser alguien, y que conseguir ser ese alguien no me ha compensado el tiempo perdido. Así que lancé dos gritos a la ciudad y me vine sin saber a dónde iba.
- Sí que lo sabía. De hecho yo también lo supe. Todos estamos predeterminados, todo está escrito. Venga, que le quiero enseñar una cosa... ¿Ve aquello de allí? Acérquese, y cuando lo haya visto, mire su reloj.

El hombre cumplió con lo mandado. Se acercó y vio unos relojes derretidos, que además estaban parados. Miró el suyo: el secundero avanzaba a toda velocidad, dejando exhausto al más tranquilo, la vida se escapaba. Pero aquellos otros relojes sin embargo estaban parados, se mantenían en el universo amenazando el tiempo. Se giró para preguntarle a aquel señor de la playa, pero cuando lo hizo no había nadie. Se había esfumado, incluso más rápido que el movimiento de su reloj.

La única cosa que debemos temer es al miedo mismo.

Franklin D. Roosevelt

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Noches de insomnio

En este sábado que ya se fue, dejando a un lado la pereza, vuelvo a pasearme por la blogsfera. Realmente hay estaciones de paso que merecen detenerse y leer un rato. Descubrir un diamante en bruto y aportar tu visión de la vida.

Son las 02:26 de este domingo. Y el sueño no llega. Tampoco quiero. Esta noche hago la función de Supernanny. Después de unas cuantas horas, la niña ha sucumbido al sueño. Rendida, intentando luchar contra sus párpados que se cerraban, me ha preguntado cuatro veces qué haría yo, si no me iba a dormir también. "En un ratito". Sin estar del todo convencida, me pedía que dejara la luz encendida. ¿Miedo a la oscuridad o a la soledad? De todas maneras, todas las luces de la casa encendidas.

Tras actualizar el fotolog (vaya deber diario que nos imponemos nosotros mismos, como si ya no tuviéramos suficiente) pasé al comedor para ver algo de TV. Cómo no, no daban nada que valiera la pena. Hace años que la televisión ha entrado en una habitación oscura de la que no quiere salir. De vez en cuando aparece alguna grieta que nos aporta luz, pero enseguida se apresuran a taparla. Los programas del corazón salen de hasta debajo de las piedras. Porque ahora lo más importante es saber qué hace la Pantoja y el Cachuli... Por arte de magia, estos programas se han convertido en especialistas de derecho penitenciario y urbanístico. Hablan de juicios, querellas y redadas como quien dice que el semáforo consta de 3 colores: rojo, amarillo y verde. Por otro lado, los telediarios (por llamarlos de alguna forma, pues se han convertido en magazines -tal y como dijo Víctor Amela-) nos sorprenden mostrándonos las andanzas de los personajes del corazón. ¿Nos hemos vuelto locos o qué? Estos espacios "informativos" se componen de algo de política incoherente, situación internacional, maltratos de género, lo mal que desayunan los niños españoles y la vida de estos personajillos. Mejor apagar la tele...

Algo de lectura nunca viene mal. La catedral del mar me espera ansiosa. Leo unas páginas, interesante vida medieval mezclada con algunas batallas...

Una mirada rápida a mi prima, duerme plácidamente junto a la luz de la mesilla. Es hora de ir apagando el resto de luces. Comedor a oscuras, revisión a la puerta para cerciorarse de que está bien cerrada, habitación en la penumbra... Con cuidado, aparto las sábanas y me meto en la cama. Ni rastro del sueño. Esta noche no llega. El ordenador y el iPod deben ser mi compañía pues.

Mis padres y los de ella de fiesta, ella dando vueltas de vez en cuando bajo el sueño que a mí me falta. Las 02:41 y yo sigo aquí más despierta que ninguna. El edificio sigue en silencio, todo el mundo duerme, menos yo... Una vez más, me apunto una noche de insomnio. Y yo feliz, despierta...

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Invitada sin invitación

Existe en la vida una fuerza extraña que mueve mares y montañas, aunque -mejor dicho- no mueve nada, sino que consigue que nada se mueva. Una fuerza que nos domina y nos clava en un sitio.

Se pasea por donde quiere, entra en las vidas ajenas sin preguntar y sale de ellas cuando alguien se rebota y la saca a patadas. Viaja por el planeta sin invitación alguna, pero se convierte en anfitriona indiscutible.

¿Cuál es esa fuerza que nos domina, que nos impide continuar con nuestros pensamientos? Ahora mismo se está apoderando de mis manos. Intenta convencerlas de que no sigan tecleando, que no escriban nada más. Pero el sentido común sale a flote y la contraataca.

¿Cuál es esa invitada sin invitación? ¿Qué cosa hace que el mundo no siga girando? ¿Qué es lo que te hace quedarte estirado en el sofá en vez de salir a hacer footing? Efectivamente, santa Pereza.

Por pereza no escribí antes estas líneas. Por pereza dejé aquel libro sin terminar. La pereza se llevó palabras que ahora no recuerdo y quería escribir.

Santa Pereza, la madre de las neuronas cansadas, aprovecha cualquier ocasión para tirar por tierra un pequeño amago de actividad.

¿Y cómo se combate? ¿Cómo se acaba con ella? Me parece que ya lo dije antes, la pereza está intentando convencer a mis manos para que paren de escribir, y creo que lo ha conseguido...

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Los lunes al sol y las noches a luna llena

Poso mis pies sobre la hierba… Hay luna llena en el firmamento, una luna que no me deja ver las estrellas…

Llevo dos semanas en Galicia, dos semanas que se me han pasado volando, y aún me queda otra. Las aldeas gallegas tienen eso, tienen meigas que paran el tiempo y otras meigas revoltosas que aceleran el paso de las horas. A mí esta vez me han tocado las revoltosas.

En este fugaz instante el reloj del portátil marca las 00:11, la cocina se ha quedado casi vacía, sólo me acompaña mi abuela, que mira atentamente los cómicos gallegos de la televisión. Todos los demás duermen.

El día ha sido muy pesado, el calor ha apretado fuerte aquí en las montañas y no nos ha concedido un respiro hasta que se ha fundido el sol. Las sombras eran saunas a medio gas y el resto del territorio, una sartén en llamas invisibles. El río ha visto como su cauce se ha reducido, las rocas por donde antes se paseaba el agua, ahora se secan al sol. Las montañas, los lunes al sol.

Galicia este verano está de moda. Después del desastre del Prestige, llegaron los incendios y ahora los vertidos tóxicos. Otra vez Galicia. De nuevo les quitan sus bienes más preciados. El Prestige se llevó sus costas, las llamas sus montes y las fábricas el agua y la fauna de las rías. Los gallegos que de por sí son sufridores, que trabajan por mantener lo suyo hasta que ven que se lo arrebatan, ahora ven con resignación como Galicia es noticia en los telediarios.

La noche ha llegado casi sin avisar, pues esta aldea le da la espalda al atardecer. Hoy más que nunca. Le ha dado la espalda al sol mirando hacia la luna que tenía en frente en busca de frescor. He salido en busca de las estrellas, me queda sólo una semana para verlas, después la contaminación lumínica de Barcelona me privará de ellas. Y caminando sin temor, la luna me ha demostrado que el sol no se había fundido, sino que seguía iluminando el satélite dejándome sin estrellas. Así que, pudiendo sólo ver cuatro puntos débiles en el cielo, he vuelto a casa para escuchar los grillos mientras veo cómo los cómicos gallegos (del 2005) alegran las vidas de la gente y les hacen olvidar, por unas horas, que sus montes están quemados, sus rías contaminadas y sus noches sin estrellas.

Sigo mirando por la ventana… Hay luna llena en el firmamento, una luna que no me deja ver las estrellas…