En este sábado que ya se fue, dejando a un lado la pereza, vuelvo a pasearme por la blogsfera. Realmente hay estaciones de paso que merecen detenerse y leer un rato. Descubrir un diamante en bruto y aportar tu visión de la vida.

Son las 02:26 de este domingo. Y el sueño no llega. Tampoco quiero. Esta noche hago la función de Supernanny. Después de unas cuantas horas, la niña ha sucumbido al sueño. Rendida, intentando luchar contra sus párpados que se cerraban, me ha preguntado cuatro veces qué haría yo, si no me iba a dormir también. "En un ratito". Sin estar del todo convencida, me pedía que dejara la luz encendida. ¿Miedo a la oscuridad o a la soledad? De todas maneras, todas las luces de la casa encendidas.

Tras actualizar el fotolog (vaya deber diario que nos imponemos nosotros mismos, como si ya no tuviéramos suficiente) pasé al comedor para ver algo de TV. Cómo no, no daban nada que valiera la pena. Hace años que la televisión ha entrado en una habitación oscura de la que no quiere salir. De vez en cuando aparece alguna grieta que nos aporta luz, pero enseguida se apresuran a taparla. Los programas del corazón salen de hasta debajo de las piedras. Porque ahora lo más importante es saber qué hace la Pantoja y el Cachuli... Por arte de magia, estos programas se han convertido en especialistas de derecho penitenciario y urbanístico. Hablan de juicios, querellas y redadas como quien dice que el semáforo consta de 3 colores: rojo, amarillo y verde. Por otro lado, los telediarios (por llamarlos de alguna forma, pues se han convertido en magazines -tal y como dijo Víctor Amela-) nos sorprenden mostrándonos las andanzas de los personajes del corazón. ¿Nos hemos vuelto locos o qué? Estos espacios "informativos" se componen de algo de política incoherente, situación internacional, maltratos de género, lo mal que desayunan los niños españoles y la vida de estos personajillos. Mejor apagar la tele...

Algo de lectura nunca viene mal. La catedral del mar me espera ansiosa. Leo unas páginas, interesante vida medieval mezclada con algunas batallas...

Una mirada rápida a mi prima, duerme plácidamente junto a la luz de la mesilla. Es hora de ir apagando el resto de luces. Comedor a oscuras, revisión a la puerta para cerciorarse de que está bien cerrada, habitación en la penumbra... Con cuidado, aparto las sábanas y me meto en la cama. Ni rastro del sueño. Esta noche no llega. El ordenador y el iPod deben ser mi compañía pues.

Mis padres y los de ella de fiesta, ella dando vueltas de vez en cuando bajo el sueño que a mí me falta. Las 02:41 y yo sigo aquí más despierta que ninguna. El edificio sigue en silencio, todo el mundo duerme, menos yo... Una vez más, me apunto una noche de insomnio. Y yo feliz, despierta...