En medio de una vorágine universitaria de lecturas y exámenes, tengo que agradecer a Renfe por dejarme un tiempo para pensar cada mañana. ¡Gracias!

Sí, sí, esto no es una broma. Todo el estrés acumulado llega a su fin cuando entras en una estación de tren. Y digo cuando entras, porque nunca sabes cuándo vas a salir de ella sobre raíles.

Cada mañana voy en trena la universidad, lo que deberían ser 15 escasos minutos se convierten en toda una odisea. Normalmente ya opto por coger el tren de Blanes, que inicia su trayecto en la misma estación, pues los que vienen de otros destinos ya llegan convertidos en latas de sardinas. Pues bien, ese tren tiene su salida teórica marcada para las 08:36. JA, JA y JA. Nunca lo vi partir a dicha hora. Hoy, sin ir más lejos, salió a las 08:47.

A parte de sus desajustes horarios, tienen la gentileza de jugar al pilla-pilla y al escondite en un 2 en 1. Los paneles informativos ya no cumplen tal función, ahora son los encargados de hacerte correr por toda la estación de una vía a otra para que cuando intentes pillar el tren, éste ya haya empezado a rodar. Luego está el escondite, muy divertido, sí, sí. Anuncian un tren, lo quitan, y el tren acaba partiendo cinco minutos más tarde. ¡Qué grandes!

No hablemos ya de las obras del AVE. Los trenes circulan a 30km/h, ¡velocidad relámpago! Y si circulan, porque la tónica habitual es que se paren antes de llegar a la estación, momento preciso donde tiri-tirín-tin-tín, próxima estación: Bcn-Sants... ¬¬'

Por eso digo, entre esperas y esperas, da tiempopara todo, inclusopara pensar, porque la rabia y el estrés van quedando atrás, lentamente, como un tren de Renfe...

Y ahora, rindamos homenaje a la empresa que cada día nos hace ver la vida de otra manera, a aquella que nos incentiva a ir en coche.

  • ¡Un aplauso por su original sentido de la puntualidad y su noción del tiempo!
  • ¡Otro aplauso por hacernos sentir que no estamos solos en esta ciudad!, porque en horas punta estaremos rodeados de desconocidos que se pegan a nosotros irremediablemente.
  • ¡Aplaudamos cada vez que vemos su publicidad! ("Vamos al futuro, ¿subes?") Cuántas carcajadas provocan, ¿verdad?
  • ¡Y un último aplauso porque ya no soy yo quien tengo que esperar a los profesores, sino que son ellos los que nos esperan a nosotros!